Valeria Tentoni lleva publicados los libros de poesía Batalla sonora, Ajuar, Antitierra, Piedras preciosas y Pirámide, y los libros de cuentos El sistema del silencio y Furia diamante, además de El color favorito, un ensayo sobre su trabajo como entrevistadora.

Por Hernán Carbonel
Acaba de publicar por Seix Barral su primera novela, La vida privada, sobre la relación entre una escritora de un diario de viajes convertido en one-hit-wonder, que vive aislada en una isla perdida, y la protagonista, que viaja hasta allí para conocerla. Según Cynthia Rimsky, la novela “nos hace navegar por la delgada línea que separa lo real de la ficción, la ingenuidad del coraje, la admiración del resentimiento, el peligro de creer que lo que leemos existe”.
Nacida en Bahía Blanca en 1985 y ganadora de la primera edición del Concurso Latinoamericano de Cuentos Marta Brunet, organizado por la Universidad de Chile, Tentoni trabaja como editora de contenidos del blog de Eterna Cadencia. En esta entrevista para AZIMUT repasa su recorrido como lectora, autora, y trabajadora de las letras.
-En tu obra has hecho una progresión de la que hablaba Abelardo Castillo: primero poesía, luego cuento, luego novela. ¿Por qué creés que se dio así en tu caso?
-En realidad, empecé escribiendo historias, cuando era muy chica, y como un juego. Me aburría y le usaba la máquina de escribir a mi papá, además mi maestra de segundo grado nos daba consignas de escritura muy estimulantes. Lo primero que publiqué fue un cuento a los once años en el suplemento infantil del diario local. La poesía llegó por esos años, en la preadolescencia. Mi primer libro sí fue de poemas, a los diecinueve. Siento que todo ocurrió a la vez, no veo progresiones. La novela me costó varios intentos, pero porque es otro volumen de materiales, otra complejidad, y nunca tuve tiempo como para entregarme en serio a un proyecto de largo aliento hasta la pandemia.
-Es muy interesante El color favorito, tu libro en Gris Tormenta, sobre el trabajo con la entrevista, género de altura si los hay. ¿Tenés tus tips al respecto, a la hora de hacer una, al margen de todo lo que contás en el libro?
-Me da la sensación de que lo que funciona en una entrevista es la pregunta genuina y sinceramente interesada; cuando eso ocurre, quien lee también se entusiasma. Cuando la entrevista se hace por cumplir con agendas editoriales, sale mal, robótica, aburrida. Yo prefiero leer y hacer entrevistas extemporáneas, aunque no siempre lo logro porque el periodismo es muy tirano y a veces se quema en el fuego de la actualidad. Pero definitivamente no me parece buena idea entrevistar a alguien que viene de hacer veinte entrevistas iguales, mucho menos me interesa leer esas veinte entrevistas. Leer entrevistas viejas, por ejemplo, me encanta.
-¿Cómo es tu trabajo en el blog de Eterna Cadencia?
-Mi trabajo en el blog de Eterna Cadencia comenzó hace unos quince años, como encargada de redes sociales y redactora. Desde hace una década soy editora de contenidos, pero además sigo redactando. También hago el podcast Máquinas de escribir, lo produzco, entrevisto y hay un editor de audio que hace el trabajo final para subirlo a las plataformas. No llevo la cuenta de cuántos escritores y escritoras entrevisté ahí, me da vértigo pensarlo.
-Hay mucha poesía en El color favorito, más allá de que se trate de un ensayo. Y también hay muchas figuras poéticas en la novela. Como si ese primer género que cultivaste siguiera germinando en lo posterior.
-Yo me siento, en esencia, una poeta. Mejor decir: esa es mi aspiración más grande. Leo y escribo persiguiendo la poesía. Me interesa acercarme a lo que le hace a la lengua, cómo la desfigura y la intranquiliza, cómo la multiplica y le imprime una música extraña, cuánta paciencia nos pide, la lentitud y la meticulosidad que impone. Creo que, en el ensayo, es una gran aliada; la poesía es una gran aliada del pensamiento. Siempre está discutiendo, de algún modo, con el sentido común, con el sentido único; provoca bifurcaciones, caminos alternativos, superposiciones, contradicciones, todo tipo de accidentes en el mundo de las ideas. Al observar otras escrituras, noto que siempre me interesan más las que están vinculadas con lo poético, y que me interesan muy poco las obras que le dan la espalda. Son gustos, ni más ni menos; hay editores, escritores y lectores a quienes este tipo de estilo los exaspera.
-¿Hay en tu novela algo de esa admiración que suele darse entre entrevistador y entrevistado, con la relación que tiene la narradora protagonista con ese extraño personaje que es Virginia Mountweazel?
-Me interesaba escenificar, en La vida privada, una relación de admiración desbocada, saturar ese binomio lectora admiradora-escritora admirada. No tanto para enjuiciarlo como para preguntarme por la relación de poder ante la obra de arte, sugerir que quizás sean los y las lectoras quienes tienen más control sobre un libro y no tanto quienes los escribieron. La historia está comandada, de hecho, por el punto de vista de la lectora: la escritora es casi un accidente geográfico, comienza a desdibujarse, deja de importar, se vuelve reemplazable. Es el efecto del libro que escribió lo que importa, en verdad, y no tanto ella.
-Para unificar ambas cosas –entrevista y novela–, contás en una nota final que el origen de la novela estuvo en una entrevista que le hiciste a Daniel Melero una década atrás. ¿Cómo fue esa situación, que proceso hubo en el medio?
-Sí, hace unos cuantos años lo entrevisté para una sección del blog de Eterna Cadencia que se llama “¿Qué leen los que hacen música?”, y como él estaba lanzando su disco Atlas comenzamos a hablar de cartografía mezclado con Borges. En eso, Melero habló de la firma de los cartógrafos en los mapas en tiempos antiguos, de cómo se aseguraban de no estar siendo plagiados al insertar en los mapas islas, ríos, montañas o demás elementos inexistentes que, de encontrarlos en otro mapa, dejarían en claro que los habían copiado. Cuando terminé la entrevista seguí investigando al respecto y así llegué a Lillian Virginia Mountweazel en un artículo, creo, del New Yorker, en el que se hablaba de las trampas de copyright en las enciclopedias de los años setenta. Todo esto importa y no importa en la novela, es el trasfondo, lo que la disparó; mezclé ambos hallazgos de un modo muy caprichoso.
-Después de haber hecho tantas entrevistas, ¿qué se siente ser entrevistada?
-La verdad es que, después de tantos años en esto, me cuesta comportarme en las entrevistas como me conviene que se comporten los entrevistados conmigo. Intento medirme lo máximo posible. Siento que me expreso mucho mejor en la pregunta que en la respuesta, soy más libre. Responder es clausurar sentidos, casi siempre me arrepiento de lo que digo.



