Toni Morrison, una de las voces fundamentales de la literatura estadounidense, revela cómo su proceso creativo no nacía de una ambición externa, sino de una carencia personal: la falta de libros que ella misma anhelaba encontrar en las estanterías. En este sentido señala: “Escribí Ojos azules porque era un libro que quería leer y no podía encontrar por ningún lado. Me tomó una eternidad hacerlo porque no tenía una verdadera razón para ser hecho. Fue un largo ejercicio de escritura; así que, cuando lo leía y no me gustaba, lo cambiaba. Creo que eso me ha sido de mucha ayuda porque te da distancia: tu ego no está del todo enredado”.



