
Por Alejandro Duchini
“Escribir me dio y me da alegría, es muy divertido. Para mí no puede ser doloroso lo que divierte”, dice la escritora tucumana Sofía de la Vega en diálogo con Azimut a propósito de su nuevo libro de cuentos, De los potrillos nacen ríos.
“Me escribió mucha gente. Dicen que les gusta el libro, que los sorprende… eso me dijeron, que tiene como un lenguaje novedoso, que es un libro fresco”, le dice la escritora tucumana Sofía de la Vega a Azimut al hablar de su nuevo libro de cuentos, De los potrillos nacen ríos (Alfaguara). Joya literaria de gran repercusión en los últimos meses. “También me dijeron que les parecía que era un libro que te deja alegre, o sea que más allá de que se cuentan situaciones complejas y tristes hay algo en los personajes que los hace como muy vivos”, agrega con una alegría indisimulable por el trabajo terminado.
Sofía de la Vega nació hace 32 años en San Miguel de Tucumán, donde estudió y leyó todo lo que pudo. Antes había publicado sus libros de poemas Blancas y plateadas (2018), La idea es vivir cerca pero no encima (2019) y Los ángeles son vacas (2025). Fue también una de las organizadoras del Festival Internacional de Literatura de Tucumán, provincia en la que también dio talleres literarios. Hasta que se vino a Buenos Aires, donde vive actualmente.
-Me mudé a Buenos Aires buscando generar un proyecto cultural, aunque mi lugar es el noroeste argentino, territorio que me interesa trabajar. Me interesa diversificar desde el lugar que pueda, porque lo que me interesa es lo homogéneo, las diferencias entre las personas.
-¿Esas diferencias se perciben mejor desde Buenos Aires?
-No lo sé. Percibo, sí, que la Argentina tiene un problema territorial político bastante complejo en el sentido de que no se representaron todas las geografías del país. Pero en los últimos tiempos hubo una tendencia a mostrar otras cosas. Así que ahí están, desde lo literario, autores como Selva Almada, Marina Closs… Ese es un grupo de autoras que me interesa.
-¿Desde cuándo escribís?
-Escribo hace un montón, desde la secundaria escribía poemas, que es la base de mi formación. Soy antes que nada poeta. Pero cuando me mudé a Buenos Aires fue como que, tal vez por el desarraigo, me dí cuenta de que podía escribir otras cosas. Y empecé a escribir cuentos cuando hice un taller literario con Martín Felipe Castagnet. La semilla fueron dos listas propuestas por Martín: una lista de libros de cosas sobre las que nos gustaría escribir y otra sobre aquellas de las que no se había escrito. De esas listas armé el libro que salió ahora.
-¿Qué completaste en esa lista?
-Muchas cosas. Sentía que no había diversidad de voces o de cosas que no se habían escrito sobre Tucumán. Después descubrí que sí estaban escritas, pero se me ocurrió experimentar desde las voces de los animales, darle voz a otra gente, mostrar otros paisajes.
-¿Qué temas son los que te interesan particularmente?
-Siempre me interesó la cuestión religiosa y la de la magia y todo eso, porque me marcaron muchas experiencias personales. Cosas que me divierten y que luego volqué en este libro.
-¿Sos muy religiosa?
-No lo sé. Sí soy una persona creyente y disidente a la vez, en el sentido de que tengo amigos curas, monjas, todo, pero que son muy modernos en sus concepciones. Hubo una época en la que quise ser monja y hasta me asesoré con una monja que me me sacó sonando cuando se lo dije. Fue graciosísimo, porque me decía vos tenés que estudiar letras y después fijate. Me importa mucho lo que tenga que ver con el bienestar social o la justicia social.
-¿Cómo es, en ese sentido, Tucumán?
-En Tucumán hay una relación muy cercana entre lo religioso y las creencias populares: todo el mundo va a la bruja a consultar algo sobre un ojeado, o vamos a tirarnos el cuerito. Se trata de algo cotidiano y que a mí me interesa mucho.
-En De los potrillos nacen ríos hay mucho de eso.
-Si, pero no son experiencias mías sino de otra gente. Me interesa escuchar las voces de las personas. La historia del caballo me la contó un amigo que tenía un gemelo que un día se mató; obviamente cambio las historias. En Tucumán todo el tiempo se escuchan historias muy tremendas que la gente cuenta. A los tucumanos les encanta conversar en la calle y cuentan cosas tremendas en medio de los chistes. En Argentina había como una mala prensa de los brujos o de las magias negras. Pero lo cierto es que un montón de gente va a los brujos para sanarse o para encontrar respuestas que no encuentra en otros lugares. Me interesa trabajar eso, con una mirada más latinoamericana.
-¿Pensás en los tucumanos que te leen?
-Sí, y para mí es muy importante que alguien de Tucumán se lea con su voz a través de mis libros. Sobre todo porque la literatura argentina en las universidades nunca contó la voz del NOA. Por ejemplo, hay muchísimo del Río de la Plata pero eso no tiene nada que ver con el NOA.
-¿Cómo llegaste a Alfaguara?
-Por mi agente, que pasó el manuscrito en Guadalajara, México, y de ahí llegó a Ana Laura Pérez, de Penguin Argentina, quién gestionó la firma del contrato por este libro y por una novela que saldrá el año que viene.
-¿Se puede adelantar la temática de esa novela?
-Será un texto religioso que transcurre en el Siglo 18 en Catamarca. Gira alrededor de la Virgen del Valle, una virgen catamarqueña que tiene una relación cercana con los indígenas y con los españoles y que narra la historia de un personaje mestizo que está entre esos dos mundos. Pasan algunas cosas medio locas y buenas. Ese personaje principal se llama José Francisco Muñecas.
-¿Que estás leyendo y qué escritores te marcaron?
-Hay varios que me marcaron mucho: Juan Rulfo para mí fue un escritor súper importante hasta el día de hoy. También me marcaron muchísimo Ítalo Calvino y Sara Gallardo, que me encanta. Faulkner, Fernanda Melchor y su Temporada de huracanes. Reinaldo Arenas es otro que me encanta, y mucho.
-¿Hay que sufrir para escribir?
-Nooooo. Para mí escribir este libro fue un ejercicio desafiante que espero seguir manteniendo. Escribir me dio y me da alegría, fue muy divertido. Para mí no puede ser doloroso lo que divierte. Ojalá pueda seguir escribiendo.



