Como Una Roca

Sé que algún día volverás.

En esta casa, no he cambiado muchas cosas.

Te espero.

Sé que llegarás.

Lo malo es que no sabré bien el cuándo.

El cómo y el porqué, lo puedo ir adivinando, aunque la verdad, no me fijo mucho en ello.

Trato de pensar en las buenas cosas por las que tuve la dicha de pasar; que, a pesar de no merecerlo, han sido, en mi opinión, demasiadas.

Lo mismo no tiene nada que ver.

También pienso en las cosas no tan buenas, que esperan agazapadas para atacar, en cualquier momento y así, de alguna manera equilibrar la balanza; pero así, como estamos, sería ideal. 

Esto ya es un pedido personal y muy egoísta. ¿Quién no querría solo lo bueno que le ha pasado? 

Ya sea ahora, donde tus sueños se concretan y uno se siente pleno y feliz, o más atrás en el tiempo, donde se añora, lo que se supo tener.

Tiempo.

Ese es el enemigo.

No se detiene.

No entiende razones.

No busca nada que se pueda negociar.

Solo pasa.

Sé que algún día volverás.

Puedo presentirlo. Es una certeza.

Y si bien ahora lo obligan a que uno se cuide, sabes que, en el fondo, sigo siendo el mismo problemático, bastardo y mal parido que dejaste; qué poco he cambiado.

Las canas, algunas arrugas y dolores nuevos, pero creo que vienen, con el combo completo de continuar este camino.

Como una roca, allí te voy a esperar. Inamovible. Con paciencia. 

No huiré, ni intentaré nada de esas cosas que se inventan y se mienten quienes creen que, de alguna forma, te podrán detener. 

Sabes que soy medio tarado, pero a tanto no llego y aunque a veces, creo que el miedo normal de recibir tu abrazo me hace pensar en lo que queda y dejo; y como ya no podré ayudar o interferir, cosa que, si bien pienso un poco, creo que siempre fui un estorbo, más que una ayuda; pero que aun así, me preocupa. 

El temor aparece, ya que en mi caso tengo continuaciones, gente que me sigue en el tiempo y, si bien soy bastante cínico con ello, de alguna forma me gustaría asegurarme de que su paso será tranquilo y manso.

 Como un mar, en un día soleado, con buen viento, pero si es así: ¿cómo sabrán el miedo y valor que te da una tormenta? ¿Qué debes realizar? ¿Cómo debes ser? ¿Qué cosas te puedes permitir? ¿Cómo sacar la valentía cuando lo único que hay es miedo? No para juzgar. No soy nadie para ello, solo para verlos, para saber, y si se puede, sostener algún amarre, cuando la cosa se ponga compleja.

Como una roca; así te voy a esperar, ya que sé que un día, solo vendrás.

Tal vez me asalte el miedo y quiera negociar, pero ya te conozco, y vos a mí.

Te he sentido demasiadas veces cerca en mi vida, hasta creo que te conozco.

Sé que vos eso lo sabes y de seguro me pones a prueba. No he caído en la trampa aún. Mantengo mis mismas estúpidas ideas propias y pronto a agregar un dígito más, a mi fecha de caducidad, creo que ya no he de cambiar. Vos bien sabes que no voy a cambiar. 

Quizás eso puedas entender, si tenes el tiempo, de seguro lo hablaremos.

Aunque tu tarea no te deje mucho, creo que ni siquiera vacaciones tenes.

¿Quién más podría hacer ese trabajo?

Entonces para no alargar esto, que es declaración o manifiesto disfrazado, te lo repito por si no ha quedado claro: no escaparé. 

No presentaré ninguna extensión. 

No pediré piedad, ni mis ojos presentarán lágrimas, y si las tienen, no serán por vos. Discúlpame por eso.

Sé que un día vendrás y como una roca, aquí voy a estar, dando vueltas a esta casa, revisando cada cuarto, curioso, pero no temeroso, al fin de cuentas, es el embudo por donde todos tendremos que pasar, el filtro. La barrera, por así decirlo.

Otra cosa que no he cambiado es el hecho de pensar qué habrá después. 

Lo más seguro es porque, conociéndome, sabes que soy un inconsciente y un cabeza dura, no empezaré a hacerme más religioso o pedir un eventual perdón, de vaya a saber quién, para que mi conciencia esté más tranquila.

Hice lo que debía hacer. Bien o mal. 

Mal o bien, no me importa, son cosas mías. Hice lo que debía y sentía.

Y en ello no busco ni entendimiento, ni un eventual arrepentimiento. 

No me arrastraré negando lo que soy. La peor manera de dejar una marca, es arrastrándose, y no daré ese placer a nadie. Ni siquiera contigo. 

             Lo que me tocó ser. 

Lo disfruté. 

Lo padecí. 

Me adapté a eso y simplemente traté de llevar una conducta no del todo intachable, porque tampoco haría caso, solo por el simple hecho, de que no hago caso.

Lo que no puedo evitar pensar es si tu abrazo será frío o más cercano, como el de un alguien que no he visto en muchísimo tiempo.

¿Me dejarás un último repaso, de segundos, por lo que fue mi simple y salvaje vida? 

Ojalá quieras y puedas.

Sé que un día volverás, y como una roca allí estaré. 

Nos miraremos. 

Quizás, con una sonrisa que, si puedes, me regales.

Me darás tu mano y luego un abrazo.

Será un abrazo tierno, amiga Muerte, espero que, con forma de mujer, y me llevarás a donde deba ir, sin reproches, sin lágrimas, sin rencores. 

Tu mano, será lo último que sentiré, ante lo que nadie conoce y todos hablan como si hubieran ido y vuelto.

Yo me quedo con la duda.

Sé que un día volverás y ambos terminaremos, lo que hace mucho tiempo comenzamos, aquí estaré. No me iré, ni me moveré.

Como una roca. 

Pacientemente, aquí te esperaré. – 

Biografía

Federico Lazarte tiene 48 años, y vive en San Miguel de Tucumán. Actualmente estudia la carrera de Licenciatura en Ciencias Sociales, y participa del Taller personalizado de escritura Flor de Libros, dictado por la profesora, editora y escritora Florencia Natalia Monzón. En el último año también participo del taller de Autoficción realizado por la Revista Anfibia.
Los que leyeron este relato, opinaron...

No hay ninguna opinión todavía. ¡Escribe una!