Luciano Lamberti: “Lo que pasa en la literatura se queda en la literatura”

Por Hernán Carbonel

Luciano Lamberti nació en San Francisco, Córdoba, en 1978. Es uno de los grandes exponentes, sino el máximo, del género terror de la actualidad de nuestro país. Ha publicado en editoriales independientes (Nudista, Tamarisco), así como reunió sus tres libros de cuentos (Pequeños robos a la luz de la luna, El loro que podía adivinar el futuro y El asesino de chanchos) bajo el título Gente que habla dormida en Penguin Random House. Además, claro, de esas dos originales novelas que son La maestra rural y La masacre de Kruguer

En 2023 obtuvo el Premio Clarín por Para hechizar a un cazador (con un jurado conformado por Ana María Shua, Samanta Schweblin y Carlos Gamerro). La novela, fiel al género, está ambientada durante la dictadura, y la entrega del premio se realizó casi al mismo tiempo que Javier Milei asumía la presidencia. “Todos vivimos en un pedacito de realidad, y ese pedacito tiene bordes, y después de los bordes uno ya no sabe”, dice la novela en uno de sus pasajes.

El año pasado publicó Una casa para recordar, escrita a cuatro manos con Sergio Aguirre. Sus talleres literarios -ese comportamiento nacional de escritura y corrección tan contemporáneo- son de los más requeridos. Desprejuiciado, sin concesiones ni moldes a los cuales ajustarse, en esta charla repasa su trayecto literario, la cuestión de los géneros literarios, la novela que lo hizo “rico y famoso” (ironía mediante) y otras cuestiones.

-Abelardo Castillo solía decir que hay un circuito que cumplen ciertos escritores: primero versos, luego cuentos, para confluir finalmente en la novela. Vos tenés algo así, en ese camino. Cómo fue ese transitar de un género a otro.

-Vengo de una familia de carniceros, y no había muchos libros en casa. Había, sí, muchas revistas Selecciones. Yo antes decía: “revista Selecciones, uf, no”. Ahora di un poco la vuelta y me volvieron a gustar, porque eran grandes proveedoras de material cuando no existía Google. Tenía chistes, frases célebres, resúmenes de libros. Entonces me hice un poco a mí mismo, empecé a escribir desde muy chico. Y por alguna razón que excede cualquier explicación, siempre fui muy fan de la lectura, y de ahí a escribir hay un paso cortito. Y lo primero que escribí fueron poemas. Creo que cuando uno lee un escritor, se da cuenta si tiene oído para la música de la prosa. Hay escritores que no la tienen y funcionan muy bien, pero el que lo tiene, se nota. Hablamos de Bolaño, de Cortázar, de Borges. No sólo te cuentan una historia y te emocionan, sino que es como escuchar música. En el fondo siempre voy a querer ser un poeta, voy a buscar que la prosa suene bien, y sobre todo buscar cierto estado que me produce la poesía en la narrativa. La poesía llama la atención sobre sí misma. La poesía en la narrativa es el equivalente a la fotografía en una película. Es ese plus. 

-Dal Masetto tiene un texto muy lindo, que se llama “Encuentro”, donde revive imaginariamente a su amigo Miguel Briante, y en ese diálogo, a orillas del río, uno dice: “la prosa es nostalgia de la poesía”, y el otro le responde: “y la poesía, ¿nostalgia de qué es?”.

-Y, la poesía, me imagino, debe ser nostalgia de una edad en la que uno no necesitaba la poesía. Es decir: muchos escritores coinciden en que la niñez es el espacio mítico. Y en mi caso, siempre que escribo vuelvo a la niñez, porque trato de volver a mirar el mundo con esos ojos, donde las cosas no están dadas, donde tienen una magia especial. Uno, cuando es niño, interpreta el mundo de acuerdo a la magia, y puede ver cosas que los adultos no pueden ver. Eso está muy presente en Stephen King. En It, por ejemplo. 

-Entrando en el mundo del terror, justamente. Los autores, cuando encuentran su género, encuentran su forma de representar el mundo. ¿Por qué encontraste vos en el género terror tu forma de representar el mundo?

-No fue algo muy consciente. Empecé a escribir terror cuando era niño, cuando estaba en la primaria, seguí en la secundaria y decidí estudiar Letras. Ahí me enseñaron que el terror era un género menor. En la academia se considera que todo lo que sea género y popular está mal. Aunque Cortázar, Borges, Bioy y los grandes escritores del canon argentino hayan escrito género. Hay un sector que sigue pensando que leer a King es leer literatura barata. Pero si lo lees como escritor te das cuenta que tiene técnicas literarias que son muy sofisticadas. Entonces, después de haber publicado un primer libro (El asesino de chanchos) que era realista, dije: voy a volver a las lecturas que me formaron, que me hicieron dar ganas de ser escritor. Quiroga, King, Borges, Cortázar, Bradbury. Algunos dicen que el género te limita; para mí es todo lo contrario. 

-Repasemos un poco esas dos novelas, La masacre de Kruger y La maestra rural.

-Son dos novelas de ciencia ficción no tradicionales, en una perspectiva mucho realista y argentina. La maestra rural es una mujer de campo, que tiene determinadas experiencias con extraterrestres, pero eso se va descubriendo a medida que se avanza en la lectura. Y La masacre de Kruguer es en un pueblito que me inspiró un poco La cumbrecita, un lugar muy idílico, muy suizo. Fuimos a La cumbrecita en plan “vengan a escribir algo”, y cuando se presentó la mujer, la intendenta o algo así, nos dijo: no somos nazis.

-Ahí ambientó Castillo su novela El evangelio según Van Hutten. Digamos que es un pueblo fundado por alemanes.

-Es un pueblo fundado por alemanes, sí, y está el rumor de que eran nazis, y los habitantes de hoy dicen que no son nazis. Uno de los escritores que fue a la residencia me contó que él, cuando era chico, iba con su abuelo a General Belgrano, que está muy cerca, a mitines nazis, donde había una esvástica en la pared. No era muy sutil que digamos. Me gustó ese contraste entre casitas alpinas, no poder entrar en auto, todo hermoso y perfecto, con la violencia latente. Entonces dije: voy a hacer una novela en la que hace millones de años cayó un meteorito en un lugar de las sierras, después se fundó un pueblo alrededor de ese meteorito, y en una de las fiestas de la nieve, por influencia del meteorito, pasan una serie de sucesos. A ver: somos todos monos con palos domesticados.

-El principio de 2001. Odisea del espacio.

-Exacto. Ese meteorito quita las barreras sociales y se matan entre todos los vecinos. La novela cuenta en formato documental, found footage, la historia de un pueblo que se vuelve loco y los habitantes se matan entre ellos. Ambas novelas tienen en común una cuestión fragmentaria, porque si hay algo que hace el terror es llevar a pensar que no hay una sola verdad. Si uno lee Frankenstein, Drácula y Doctor Jeckyll y Míster Hyde, las tres son novelas llevan a eso, aquello que sale de nuestra comprensión racional sólo puede ser contado de manera fragmentaria, porque hay un centro que es innombrable. Tienen en común ese mecanismo.

-Bueno, metámonos en Para hechizar a un cazador, Premio Clarín de novela. 

Novela con la que me hice rico y famoso (risas).

-Alguna vez le escuché decir a Capusotto que él, con lo único que no haría humor, es con los desaparecidos. Cómo fue meterle más terror, o en todo caso el género terror, a un tema tan caro a la historia argentina como es la dictadura. ¿Se te cruzó en algún momento la idea de “me estoy metiendo en camisa de once varas”?

-Sí, claro, porque temía ser asesinado tanto por gente de derecha como por gente de izquierda, con toda la razón del mundo, por otro lado. Pero sobre todo mi miedo era la autocensura, porque vivimos épocas muy complicadas de cancelación. Porque, para mí, lo que pasa en la literatura se queda en la literatura. Uno puede escribir sobre las peores atrocidades y vivir como un burgués aburrido como vivo yo. La dictadura en la novela era un tema complicado porque tenía que ser efectivo, tenía que causar una clase de conmoción. Cuando mis alumnos de los talleres traían algo sobre el tema, yo les decía: ¿otra vez sobre la dictadura? 

-Pero pusiste como epígrafe una frase de Massera. Es muy fuerte.

-Complicado. Fue en un programa de televisión de Grondona, Hora clave. Massera negando, ya en democracia, todo lo que había pasado. Viendo registros fílmicos sobre la dictadura me encontré con esa entrevista y dije: mamita querida. Un familiar, que tiene a una persona muy cercana desaparecida, me dijo: en esta novela hay gente a favor de la dictadura. Y yo le respondí que sí, que hubo mucha gente a favor de la dictadura. Por eso en la novela no puede estar solamente lo que yo pienso, sino también lo que realmente pasó. Todas las voces de la Argentina de ese momento, y eso no significa justificarlo ni nada parecido. Uno lee para buscar otras miradas sobre el mundo. 

-En la segunda parte de la novela, que es la más extensa, hay una gran variación de registros: diferentes narradores, diferentes tiempos, diferentes ópticas. Cómo armaste esa estructura.

-Siempre escribo así, básicamente porque me aburro rápido. Y tengo miedo de que el lector se aburra también. Siempre escribo novelas que son un poco rompecabezas, para que el lector se ponga las pilas y colabore conmigo en el armado de la historia.

-Un lector activo.

-Exacto. 

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