Yasunari Kawabata
Seix Barral, 2024
146 páginas

Shimamura es un hombre de posición acomodada que concurre a la zona de montaña de Japón para escapar de una vida ociosa, dejando a su familia y a su hogar como parte de un ritual de retiro y purificación. Una vez saciado ese impulso espiritual se hospeda en un hotel de aguas termales, donde disfruta del placer de las atenciones de Komako, una geisha que ha despertado su interés en años anteriores. La mujer es una distracción en su vida monótona y él alimenta su enamoramiento sin considerar las consecuencias sentimentales o sociales que puede ocasionar ese vínculo, tan efímero como imposible. En el segundo viaje de Shimamura, el delicado y provisorio equilibrio de esa relación se ve alterado con la aparición de Yoko, otra mujer enigmática de la aldea, que llama su atención en el viaje en tren con el que se inicia el relato.

El paisaje, blanco aún en la temporada estival en la que se puede acceder a las termas, es el marco de la mirada nostálgica y fatalista de los protagonistas. La nieve y su blancura aparecen como elementos recurrentes para contrastar con la opacidad de la tragedia cotidiana, la precariedad de los que trabajan en la zona, la decadencia de sus vidas que se van apagando a medida que termina la temporada.

País de nieve de Yasunari Kawabata, que llegó a sus lectores a partir de 1934 en entregas publicadas en diversos diarios y revistas de Tokio, presentó originalmente un final abierto que suscitó la reacción de sus seguidores a tal punto que el autor, al compilar los fascículos en un libro decidió agregar un capítulo final distinto, memorable.

Las imágenes y emociones contradictorias de los protagonistas atraviesan el relato. El fuego y el frío, el barro y la nieve, la vía láctea y los destellos de un incendio, enmarcan el paisaje bello y también la pasividad del espectador ante la muerte. Un cruce de caminos, la oscuridad nocturna, la soledad, la traición y los pensamientos culposos que dan comienzo a esta historia vuelven a estar presentes en su final.

El personaje de Shimamura podría remitirnos a Gustav von Aschenbach, aquel escritor que Thomas Mann hace viajar a Venecia escapando del aburrimiento y lo ubica en un paisaje que lo aísla de la soledad. Sus antagonistas, Komako y Tadzio, respectivamente, desestabilizan y a la vez obsesionan a los protagonistas, que se rinden ante la belleza decadente e inalcanzable, y que enfrentan desenlaces trágicos.

Yasunari Kawabata, al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1968, revisitó en su discurso a los poetas medievales japoneses, que abrevaban en el frío gélido y la nieve clara, y lo hizo con la mirada desolada de un hombre solitario. Si bien en sus palabras se distanció de la tradición de suicidios literarios orientales de la primera mitad del siglo XX, en 1972 un cuadro depresivo lo llevó a quitarse la vida. Su obra refleja la estética japonesa del mono no aware, la melancolía ante la belleza de lo efímero, esa tristeza que difiere de la nostalgia porque no remite a lo pasado si no a un presente que está ahí, transitorio y mutante. 

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