Literatura y deportes: Cuando nunca perdíamos

El domingo 21 de abril el Barcelona perdió 3 a 2 el clásico ante el Real, en Madrid. El resultado no fue sorpresivo. Unos días antes había sido eliminado de la Champions por el PSG francés. Ambas derrotas estaban dentro de lo esperable en el mundo del fútbol. El equipo, el club, todo viene en picada. Los buenos tiempos pueden volver, porque Barcelona es un grande. Pero de momento, amigos, lo que hay es esto: una realidad que lleva a añorar el pasado.

El último mejor pasado del Barcelona ocurrió en los tiempos de Messi, Iniesta, Xavi y Guardiola en el banco. ¿Se acuerdan? Cita obligada para los futboleros ver los partidos de Champions en medio de la semana y los de la Liga los sábados y domingos. Se sabía que el Barcelona iba a ganar. Y ganaba. Jugando a un nivel increíble. Acumulaba títulos locales e internacionales. Estaba, a fin de cuentas, en la cima del mundo.

Eso es lo que extrañan sus hinchas, sobre todo desde que su dirigencia dejó ir a Messi y sus otras figuras empezaron a despedirse del fútbol profesional. Faltó renovación acertada y se sabe que no se vive del pasado. Ya en 2011 quince referentes de la cultura vieron venir lo que pasa. Ramón Besa, Juan Cruz Ruiz, Jordi Punti, Juan Gabriel Vásquez, Enrique Vila-Matas y Juan Villoro fueron algunos de los que dieron forma a uno de los libros más recomendables sobre fútbol: Cuando nunca perdíamos. 15 miradas sobre el Barça.

Si en 2011, al leerlo, uno sentía que estaba ante relatos distópicos, quienes lo lean ahora notarán pura historia cargada con sentimiento. El capítulo de Juan Bonilla titulado “Una autobiografía poética” es de una belleza tremenda. Bonilla nos recuerda, nos ratifica, cómo un club de fútbol puede marcarnos tanto y para siempre. En este caso el Barcelona como excusa para contar la infancia y recordar la figura del padre. 

Juan Cruz Ruíz, fundamentalista de la palabra melancolía en cada uno de sus textos, la utiliza en su “La banda del Sgt. Pepper”. “Quien tiene la melancolía soy yo, pues miro a Kubala y Kubala no está, perdió la memoria y luego perdió la vida, Kubala ya es una sombra que uno tiene que deletrear a los niños, y sin embargo fue la historia azulgrana, con ese nombre empezamos a deletrear el fútbol, era el más preciado de nuestros cromos, ahí está, sin embargo, retratado en blanco y negro, tiene un rictus horizontal en su boca suspicaz, una corbata muy fina de recién venido a la corbata”. Y hay más de Kubala y también de Guardiola, al que define como un poeta (“el poeta Pep”, escribe). Cruz va a Cruyff y luego a Camus y El extranjero. Y cierra con un texto fiel a su estilo que no es para leer, justamente, un domingo a la tarde de lluvia y frío: “Como escribe Pep Hierro en uno de sus poemas más célebres: no he dicho a nadie que estuve a punto de llorar”.

Me gusta la frase de Josep María Fonalleras –otro de los autores– en la que escribe “una final es una euforia colectiva que se convierte en goce particular”. Me gusta también Jordi Puntí, catalán e hincha de Messi y del Barcelona hasta la médula. Autor de buenos libros, Puntí escribiría uno de los mejores textos sobre Messi. Todo Messi (Anagrama). Si no lo leyeron, les recomiendo que salgan a buscarlo. Todo Messi es tal vez el mejor libro sobre Messi que se haya escrito. Pero estamos con Cuando nunca perdíamos, y en sus páginas Puntí revive la historia del Barcelona y aprovecha para contar también su infancia y los relatos de tantos y tantos superhéroes de pantalón corto. Que sus dirigentes, en los años 30, no querían jugadores extranjeros. Pero que en los años siguientes fueron los extranjeros los que le dieron la frutilla del postre a su brillo. Cruyff y Messi son los máximos ejemplos. Pero no nos olvidemos de Maradona, que no brilló en el club, pero, al fin de cuentas, dejó el orgullo de que el mejor de todos los tiempos haya pasado por sus filas. “La maravilla del fútbol es que se reinventa cada día”, nos consuela (y se consuela) el bueno de Punti.

Colombiano, Juan Gabriel Vásquez empieza su texto con el recuerdo de su infancia en 1982, cuando se jugaba el Mundial en España y él lo vivía desde su cuarto en Colombia. Era hincha del Brasil de Zico, escribe. Y cita a George Orwell: “El deporte serio no tiene nada que ver con el deporte limpio: es la guerra sin los disparos”. Vásquez nos regala otras tres frases geniales: “El fútbol, al contrario del teatro, tiene la triste característica de ser irrepetible: no se puede jugar un mismo partido dos veces”. “La retina, para el futbolero, es el lugar donde se guardan las emociones”. “La infancia es una época que permite la admiración sin reservas. Al Barça de Guardiola le agradeceré siempre que me haya permitido, que me siga permitiendo, esas viejas ingenuidades”.

Juan Villoro, mexicano y futbolero y escritor –a mi gusto– de los mejores, profundiza en su texto “Lionel Messi: infancia es destino” los años que giraron alrededor del 2009. Nos cuenta sobre Mourinho, sobre aquellos duelos increíbles de Champions cuando Messi –también entonces– era el mejor Messi (escribo “también” porque, sabemos, el mejor Messi fue siempre). Pero lo que hace Villoro es desmenuzar al pibe que nació en Rosario y que se hizo hombre en Barcelona. Y Villoro, créanme, es como un Messi de la escritura futbolera. Está en mi Olimpo junto a Osvaldo Soriano, Eduardo Galeano, Juan Sasturain y Roberto Fontanarrosa.
No había leído al catalán Pedro Zarraluki hasta que leí este libro. Zarraluki es el autor del último texto, “Esa pasión siempre insatisfecha”. Otro relato que bien vale el libro entero. Un acierto del filósofo catalán Antoni Munne, quien eligió a los autores que relatan a aquel Barcelona. Al fin de cuentas, Munne es el Guardiola del libro. Y nosotros, los lectores, los hinchas que añoran aquellos tiempos dorados de un pasado mejor.

Los que leyeron este relato, opinaron...

No hay ninguna opinión todavía. ¡Escribe una!