La autora norteamericana reveló en una entrevista efectuada en 1978 su método de trabajo: le gustaba completar ocho páginas diarias para una novela y diez para un cuento. Intentaba ocuparse de las tareas más tediosas por la mañana para luego trabajar entre cuatro y cinco horas al día. Escribía a máquina, comenzando a menudo con el desarrollo de una acción concreta o de escenas específicas, como las de El juego del Señor Ripley, que más tarde se adaptaron para la película.



