El escritor Mauro Libertella, autor de novelas y ensayos, está de vuelta con la publicación de un libro corto y emotivo sobre las canciones y artistas que lo marcaron.

Foto por: Alejandra López

Lado A. Lado B. Tal vez algunos de ustedes no lo sepan, pero hubo un tiempo en que las canciones se escuchaban en discos y cassettes. Y tenían dos lados. Cinco canciones de cada uno. O seis. A veces, con toda la furia, siete. Ahora, en tiempos de música digital, Mauro Libertella utilizó esa vieja forma de escuchar discos para escribir sobre las canciones y músicos que lo marcaron: en Canción llevame lejos (Vinilo) cuenta sobre Fito Páez, Charly García, Gun’s N Roses, Oasis, la Velvet Underground y Nick Cave, entre otros.

Libro a mitad de camino entre el ensayo y el intimismo, Canción llevame lejos es una forma de acompañar al autor en su viaje al pasado. Canciones de formación sentimental y cultural. Que cuentan, además, épocas. Libro corto en páginas, y corto en cuanto a artistas, ya que Libertella tuvo que dejar a varios afuera. Tal vez, dirá en esta entrevista a partir de una pregunta, Canción llevame lejos pueda ir un poco más allá y ser otras doce canciones, otros doce artistas. Eso se verá con el tiempo.

-Gracias a Canción llévame lejos conocí a Franco Battiato.

-¡Qué bueno! Algunos primeros lectores del libro me mencionaron lo mismo, y bueno, obviamente siempre es lindo si alguien descubre algo que a uno le parece copado. La de Battiato es la incorporación más rara del libro, porque la mayoría de las bandas o músicos son mainstream o muy conocidos en Argentina. Battiato es como la rareza.

-¿Te hubiese gustado poner artistas tal vez menos populares?

-En el prólogo escribo algo de que podría haber hecho un libro compilando músicos raros o menos conocidos, o ese tipo de bandas que uno cree que solo sus tres amigos iniciados en el tema conocen. Sin embargo, decidí hacerlo con bandas mainstream porque me di cuenta de que esas son las bandas esenciales en mi vida. Que tal vez son las mismas bandas esenciales de la vida de casi todas las personas a las que les gusta el rock o el pop de los últimos 30, 40 o 50 años. Así que dejé la rareza para el final, como una coda o un epílogo o una frutillita.

-¿Es un viaje a tu infancia?

-Casi todas las bandas del libro las fui descubriendo desde mi infancia hasta los 25, 26, 27, 28 años, que son los años fuertes, para mí, de escuchar obsesivamente discos de rock. Franco Battiato me llegó a mis 33, 34, y con él fue la última vez que me pasó algo así, de obsesionarme con un músico, de buscar sus discos, sus entrevistas, sus rarezas. El libro tiene un recorrido autobiográfico que arranca con Guns N’ Roses, a los que escuché a mis 9 o 10 años, y en el medio hay algunos flashbacks que incluyen al tango y a los Beatles, que es lo que se escuchaba en mi casa cuando yo era muy chico. Pero el libro siempre fue un viaje.

-¿Perdiste la ilusión de descubrir alguna banda o músico que te vuele la cabeza?

-Espero que me vuelva a pasar porque es hermoso cuando algo así ocurre. 

-¿Qué bandas o músicos quedaron afuera?

-Me hubiera gustado hacer un texto sobre los Ramones. Para la edición chilena del libro pude agregar a (David) Bowie y a Pulp, que me gustan muchísimo y que me hubiera gustado meter acá, en la edición de Vinilo. Y también (Andrés) Calamaro, o Los Redondos, la banda con la que me obsesioné. Muchas veces uno termina un libro y se empieza a dar cuenta de cosas que no puso. Por ejemplo, para la edición chilena me preguntaron por qué no hay mujeres.

-¿Qué te pasó con eso?

-En ese momento increíblemente me di cuenta de que hubo en mí como una ceguera total. Porque es evidente que hablo de mil bandas, de mil músicos, y de sus influencias, y en eso no menciono a una mujer en prácticamente todo el libro. Esa aclaración me hizo pensar en los momentos en que escuchaba mucho a Regina Spektor, el disco Blue de Joni Mitchell o Blondie; bandas o discos que me hubiera gustado aludir también.

-¿Hay una edad a partir de la cual uno ya no está abierto a nuevos descubrimientos?

-Me pasa, sí. Pero no sé si es algo de lo que me enorgullezco o si me da un poco de lástima, porque cuando uno tenía 20 años veía a alguien de 40, de 50 o de 60 y le parecía una persona conservadora que no entendía la música que uno estaba escuchando. Bueno, la vida va haciendo un ciclo donde las generaciones repiten lo de la generación anterior. Tengo más de 40 y no le entro demasiado a la música nueva, sobre todo al trap o a la música urbana de los pibes de 15 a 20 y pico. Lo he intentado muy poco, incluso te diría que me di cuenta muy rápido de que eso no era para mí ni en términos de letra, ni en términos de sensibilidad ni en términos musicales. Soy consciente de que hay un momento en los que tal vez vaya a dejar de incorporar las cosas nuevas que se empiezan a producir. Me refugiaré, entonces, en mi pequeño panteón privado de los discos que me formaron o que me gustaron. 

-¿Qué opinión tenés de lo que rodea a esa música nueva?

-La música nueva es también el pulso de una ciudad, de una época, de una cultura. Detrás de la música se enhebran un montón de cosas, y si dejás de escuchar la música nueva también perdés un poco el pulso urbano los nuevos lenguajes, porque la música contiene como una nueva lengua. Soy consciente de que me estoy perdiendo eso. Sin embargo, me parece peor el gesto de tratar de impostar un gusto o un interés por algo que verdaderamente me estaba expulsando a nivel estético: esa música no me gusta. Lo puedo decir así: no me interesa. Pero tampoco me parece mal, como ocurría en otras épocas con otras generaciones, cuando pensaban que las nuevas generaciones escuchaban música repudiable, obscena. Está el famoso titular de un diario sensacionalista de Inglaterra cuando salen los Rolling Stones en los 60: titulan ¿Dejarías que tu hija se case con un Rolling Stone?, que era una manera de decir estos tipos pelilargos son un peligro, son unos vándalos, son un desastre. Yo no tengo esa relación con los jóvenes.

-¿Cómo te recordás en los 90?

-Arrancando vuelo, eligiendo por mí mismo, pegado a un televisor para ver MTV. La música de los 90 me entró como de manera endovenosa, en un momento donde yo estaba muy permeable a recibir esos estímulos. Por eso la música de esos años es tan importante para mí y este libro refleja esa importancia en términos autobiográficos. Canción llévame lejos muestra eso. 

-Muchas de esas bandas que te marcaron vienen de los 80. ¿Sentís que te perdiste algo al no abarcar esos años?

-Nunca fui de engancharme con la música de los 80, por más que muchos de los músicos que me marcaron se iniciaron en esa década. Yo me comí mucho la dicotomía Redondos-Soda Stereo, que ahora me parece una pelotudez total como toda dicotomía en el mundo del arte o de la cultura. Como decir Aira o Piglia: es una pavada, me gustan los dos y no tiene sentido que si te gusta uno tengas que odiar al otro. Yo también canté aquello de Luca (Prodan) no se murió, que se muera Cerati, y me la creía y lo cantaba con las multitudes. Pero Soda fue una banda emblemática, y no solo de los 80. 

-¿Escribís escuchando música?

-Escribo en bares casi exclusivamente y, dependiendo de cómo esté el ruido del bar, me pongo auriculares, pero en general tiendo a usar auriculares. Ahora que lo pienso, esto muestra un poco la transformación de la manera en que escuchamos música. Antes escuchaba discos enteros para escribir, como si el disco fuera una herramienta para encontrar la melodía de un texto. Escribí libros escuchando sin parar un disco determinado, obsesivamente. Es lo que me funcionó durante un tiempo. Un futuro anterior lo escribí escuchando un disco de Estelares, lo cual es muy raro, porque escuchar un disco de rock nacional mientras escribís no es muy recomendable, sobre todo por el idioma, porque es como que alguien te habla mientras escribís. Sin embargo, funcionó. Ahora lo que hago es armar playlists compilados por Spotify, que se basa en mis gustos musicales. Todas las semanas escucho lo que me ofrece Spotify. Antes escuchaba discos completos y ahora escucho canciones sueltas, y eso me parece que es un gran signo de la época.

-¿No te hace ruido que tu música se elija a través de un algoritmo?

-Me costó asumir el cambio, traté de resistirme todo lo posible, incluso tengo cds por todos lados y un equipo para escucharlos. Traté de resistir todo lo posible al avance tecnológico, pero en el caso de la música, Spotify me trajo ciertos beneficios. Spotify me ofrece escuchar bandas que no conozco y que no son de los nuevos géneros sino más bien de los géneros que me gustan a mí: rock, pop, indie. Todas reminiscencias a bandas de los 70, de los 80, de los 90, pero son bandas nuevas a las que de otra manera no hubiera llegado. Así que, si bien me parece que hubo pérdidas en la manera de escuchar música, sobre todo en escuchar discos enteros, también hay una parte buena en la digitalización: me mantiene actualizado y me ayuda a no caer en los mismos 15, 20 o 30 discos de siempre.

-¿Qué lugar ocupa este libro en tu literatura?

-Me parece que está en sintonía con mi novela El invierno de mi generación, que es un libro sobre mis amigos del colegio secundario. Un libro en el que cuento sobre ese periodo de la vida que va entre el fin de la secundaria y los primeros años de la vida post secundaria. Cómo ese grupo de amigos que estaban todo el día pegados se empieza a disgregar, cada uno toma su camino y al mismo tiempo siguen siendo amigos.

-¿Cómo la pasaste escribiendo Canción llévame lejos?

-La pasé muy bien. En general me gusta mucho escribir, pero hay libros que sufro un poco más, y hay libros que son puro goce de la escritura. Este fue uno de los que más placer me causó escribir. Incluso me dejó como una inercia, unas ganas de seguirlo un poco más. Me siguen viniendo ideas, me siguen apareciendo bandas. Tal vez en unos años tenga un segundo libro de esta temática. 

-¿Te gustaría hacer un libro similar a este, pero con lecturas?

-Lo estoy pensando muy a largo plazo. Todo el tiempo pienso en libros que me gustaría hacer, y anoto las ideas en un cuaderno que tengo destinado únicamente a eso. Pero tengo que encontrar el tiempo, el momento. Además muchas veces las ideas decaen. A veces me pasa que abro ese cuaderno y digo no, con esta idea ya se me pasó el entusiasmo.

-Imaginemos que empezás un libro ahora. ¿Cómo sería?

-Creo que serían textos sobre libros o sobre escritores pero en base a una indagación de estantes de mi biblioteca. Hace poco publiqué en La Agenda un texto basado en uno de los estantes dedicado exclusivamente a César Aira. En mi biblioteca solo tengo dos estantes de autores completos: César Aira, del que tengo 84 libros, que los conté para escribir ese texto que te decía, y Jorge Luis Borges, que también ocupa un estante completo, porque es Borges y siempre uno tiene los libros de Borges. Son los únicos dos autores que completaron estantes enteros, y en un momento me dije qué lindo hacer un libro de estantes, como que cada texto sea un estante de mi biblioteca. Si con esa base hablo de Aira, también estoy hablando de mi vida, de cómo armé una biblioteca. Ahí, en esos libros, en ese estante, hay historias.

Crédito de la fotografía de portada y nota: Alejandra López

Los que leyeron este relato, opinaron...

Qué linda nota.

Hermoso rescatar a Franco Battiato. Es tal cual ahora escuchamos música sin profundizar quizás demasiado en la producción del intérprete, es como que se escucha un poquito de cada uno… Y a veces con la literatura puede pasar un poco así. En redes hay fragmentos de libros, de biografías, en fin trozos de literatura que no siempre uno después va a profundizar. Aun el libro creo sigue siendo convocante para muchos, leer un libro entero, quiero decir. Pero otro síntoma de la época es sin dudas el acercamiento superficial a la literatura, la música…. Como la lectura de solapas de libros… Algo así. Quizás.

sonia