El dramaturgo desarrolla la metáfora de los libros como una escalera que permite el ascenso personal y el descubrimiento continuo y explica que los libros «configuran una escalera» que, más allá de su forma rectangular, funcionan como «escalones» que permiten al lector subir. Lo que se descubre en cada «piso» de la lectura abre uno nuevo, al que solo se llega caminando y pisando. Él lo resume diciendo que «el lector encuentra en los libros un escalón para trepar a su vida», un punto de apoyo para ascender como lector.



