
Por Hernán Carbonel
La argentina Sofía Balbuena fue la ganadora de la última edición del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, cuya obra publica la editorial española Páginas de espuma. Compuesta por cinco relatos largos y bajo el título original de Personaje secundario, se destacó entre 1.929 manuscritos procedentes de 36 países. El libro fue programado para publicarse en mayo en España y en junio en Argentina.
Nacida en Salto (provincia de Buenos Aires), politóloga, con una beca de escritura creativa en Iowa y máster de escritura creativa en Barcelona, Sofía Balbuena ha trabajado en la administración publica, como librera, correctora y lectora editorial. Publicó los libros Doce pasos hacia mí (Vinilo), Borracha menor (sólo en España) y Sutura (Seix Barral). Desde Madrid, donde reside, cuenta para Azimut el trasfondo de este premio.
-Tus libros anteriores, Doce pasos hacia mí, Borracha menor y Sutura, son autorreferenciales. ¿Acá saliste de ese registro?
-Sí. Intento con cada libro que escribo aprender a hacer algo nuevo. Discuto un poco, no me parece tan estática ni definitiva la frontera entre ficción y no ficción, pero en este caso si intenté mantenerme dentro de la arena de la ficción más estricta y sobre todo escribir un libro que me enseñara hasta donde puede llevarte el ejercicio de la imaginación y la tercera persona.
-Cómo fue el momento en que te avisaron que habías ganado el concurso.
-Extraño. En el sentido de que fue un segundo y después ya había pasado. Cuando me llamaron ya no lo esperaba, estaba convencida de que había ganado alguien más, así que cuando sonó el teléfono más bien esperaba que me confirmaran lo que yo pensaba. Fue una sorpresa y una alegría muy grande la verdad, pero claro, en silencio porque no lo pude contar hasta que se anunció.
-¿Qué te significa obtener un premio que ha ganado, por ejemplo, Samanta Schweblin?
-Yo me siento orgullosa, agradecida. Pero ya me sentía orgullosa y agradecida de haber llegado a ser finalista. Siento que la proeza real era eso: ser finalista con otras cuatro propuestas de un premio al que se habían postulado casi 2000 personas que presentaron libros terminados. Sobre todo porque yo nunca había escrito cuentos ni ficción en el más estricto sentido. Siento que es un hito importante en mi carrera y me llena de alegría estar en una lista con escritoras que admiro y que estudio.
-¿De qué van los cuentos? Son pocos y extensos.
-Son cinco cuentos, de extensión más bien larga. Son sobre mujeres, normales, corrientes, con vidas ordinarias, anodinas. Que, a menudo, orbitan alrededor de algún otro personaje que, en sus vidas, es el personaje principal. Mis protagonistas se ubican en un lugar secundario en sus propias vidas y el libro va un poco sobre eso. Este movimiento hacia el costado, esta inclinación a empequeñecerse o salir del cuadro porque la mirada está puesta afuera de una misma.
-¿Cómo fue el proceso de escritura, en qué países (¿Argentina, España, EE.UU.?) los escribiste?
-En todos esos países que son los países en los que viví, estudié y trabajé. Creo que el proceso fue armándose; en el sentido de que primero escribí dos cuentos que se parecían, tenían cosas en común, pero que todavía no armaban el sistema que compone el libro. Pero, de algún modo, ahí también estaban ciertas coordenadas que me fueron guiando en la escritura posterior. Entre los primeros dos cuentos y los últimos tres pasaron casi dos años, pero creo que este es mi libro más mental. En el sentido de que fue el libro que más pensé antes de escribir, que fui armando por pedazos en mi cabeza y que después, cuando la fecha de cierre de la convocatoria del premio se acercaba, me senté a escribir. Casi de un tirón, las más de 70 páginas que todavía me faltaban.
-Ahondemos un poco: ¿a qué se debe el título Personaje secundario?
-Tiene varias aristas. Por un lado, el hecho de que las protagonistas de los cuentos son mujeres normales, señoras, chicas o niñas, pero corrientes. Que tienen vidas tranquilas y a las que no les pasa, incluso en el marco de tiempo de los cuentos, nada muy especial. En segundo lugar, esto que mencionaba respecto de cómo se colocan al costado de sus propias vidas, como ponen en el centro a alguien más, a menudo un hombre. Y, en tercer lugar, el gran personaje secundario del libro es el mundo interior de estas mujeres, que ellas han aprendido a silenciar y reprimir porque comunicar lo que les pasa por adentro sería reconocer que están un poco locas.
-¿Por qué las protagonistas son mayormente mujeres? ¿Fue algo buscado o salió naturalmente?
-A mí no se me ocurre escribir nada que no tenga que ver con lo que nos pasa a nosotras. Ahora sé que podría, que tengo las herramientas para hacerlo, pero la verdad es que escribir es un esfuerzo que una hace sin garantías de ningún tipo, a solas, y robándole tiempo al tiempo. Es decir, es costoso y es complicado y para mí no vale la pena escribir sobre cosas que no me interesan, no me obsesionan. En ese sentido fue un proceso natural porque yo solo escribo sobre lo que me interesa y a mí me interesan las mujeres.



