Una pesadilla en un Buenos Aires oscuro

El gólem rojo, la nueva novela de Eduardo Blaustein, nos traslada a un pasado caótico que, visto en perspectiva, también podría producirse en el presente.

“La rebelión se derrama en el país, con signos de cansancio y con más cansancio de madres y padres perdiendo a sus hijos o de hijos pequeños perdiendo a sus padres. La ciudad hiede porque apenas se recogen las basuras. Las personas no saben si ir o no ir a sus tareas porque no se sabe si aún existen los trabajos ni cuándo habrá huelga de tranvías, colectivos y trolebuses. Lo mismo los trenes. Lo mismo los mataderos, en Liniers. Lo mismo el puerto de la ciudad y todos los puertos sobre los ríos anchos, donde apenas se cargan los granos por las huelgas y boicots. Las mercancías son casi imposibles de comprar. O porque ya no están o por sus precios. Comienza el hambre. No cesan las bombas ni el sabotaje en talleres, fábricas y líneas de ferrocarril”. El párrafo se lee en El gólem rojo (ediciones Futurock), novela de reciente lanzamiento de Eduardo Blaustein. Periodista, escritor y -de momento- aprendiz de guitarrista.

En ese breve texto pueda tal vez explicarse de qué va la ficción que transcurre en una Buenos Aires caótica, apocalíptica, situada temporalmente en la primera mitad del siglo 20. Una suerte de pogrom, y hasta con reminiscencias de la Semana Trágica. En botes clandestinos, los revolucionarios navegan sobre lo que queda de la Avenida Corrientes a la altura de Once. No hay trabajo, sobra miedo y resignación. Falta comida, nada se desperdicia. Todo es oscuro.

Blaustein logra trasladar al lector a una época que oscila entre lo real y lo ficticio. No en vano resalta en el prólogo que “vivimos en off side”.

-¿Cuándo o cómo empezaste a pensar en El gólem rojo?
-El arranque es absolutamente absurdo. Yo estaba mirando una película berreta de superhéroes o algo por el estilo y se me ocurrió pensar cómo funciona la emocionalidad de un superhéroe. Eso se mezcló, según mi pareja, que tiene mejor memoria que yo, con el fallecimiento de un hermano mío, lo cual obviamente me produjo mucha tristeza, y con el ambiente general de agobio, bastantes muertes de post pandemia y de estado de la salud planetaria, me surgió la idea.

-¿Y lo que es investigación sobre la temática?

-Escribí básicamente en mi casa y en cuanto a investigación, apelé a alguno que otro libro, algún material que me pasaron y muchísimo Google. Esto lo aclaro, lo de Google, porque se me ha acusado de erudito y no tengo tanta cultura judía encima. O sea, todo lo que hay de historia, del mesías, de anécdotas medio talmúdicas y demás, es básicamente, como dicen en España, en base a Google. Lo que es ficción, lo que es ambiente, lo que es personaje, por supuesto que es producto de mi imaginación más historia, más estado de ánimo mundial. 

-¿El gólem rojo da cuenta, más allá de que sea una ficción, la Semana trágica de principios del siglo pasado?

-La Semana trágica fue contra la clase trabajadora en general, pero esto es distinto. Lo que hubo hacia los años veinte o treinta fue un pogrom en el Once, que está descrito de manera bastante realista porque fue así y fue efectivamente, como se cuenta en la novela, conducido por señoritos de la aristocracia, bancados por la policía y con las averiguaciones de los consulados de Estados Unidos y Francia, que creo menciono en la novela, son también hechos históricos. La cuestión apocalíptica y la sintonía con los tiempos de la humanidad, sea que estén en Argentina, anclados en hechos en Argentina o en el mundo en general, me viene de sensibilidad, de sufrir bastante todo lo que está pasando y de mucha lectura de ciencia ficción en mi adolescencia y en mi primera juventud.

-Ficción para contar la realidad.

-Es un común denominador de casi todas mis novelas, en algunas cosas más virado a lo fantástico y lo raro, casi extravagante, en otros casos un poco más science fiction, pero sí, viene por el lado de la crueldad. Aparte fue escrita ya entre fines de los tiempos de Macri y el comienzo de la era Milei, no me acuerdo bien, pero, bueno, tiene que ver con las cosas que nos están pasando. Sólo que leídas con la persecución del pueblo judío, no por ser un judeófilo fanático o ser judío yo, sino con el ejemplo de las persecuciones y humillaciones que sufrió el pueblo judío, y también las ridiculeces de la identidad judía, de las que me río mucho, tomadas como ejemplo de la historia sufrida. Yo arrancaría diciendo que la lectura en sí es básicamente un ejercicio para el placer, para el disfrute, para la búsqueda de cierta plenitud y si en una segunda instancia sirve para abrir cabezas, abrir imaginación, sintonizar con la sensibilidad de otros y demás, mucho mejor.

-Hay una canción que me remite a tu libro: El gólem de Paternal, de Skay Beilinson. ¿La conocés?

-No conocía para nada una canción que se llamara El gólem de Paternal. La voy a escuchar, claro. Soy amante de muchas músicas.

-¿Por ejemplo, con qué música te gusta escribir?

-Con una banda sonora variadita, según el pasaje, porque yo paso de la risa y la cargada y el gasto y la ironía a lo trágico, de modo que para las partes trágicas me gustan las músicas rusas, o adagios, como la Quinta Sinfonía de (Gustav) Mahler. O un adagio muy hermoso que hay de Samuel Barber, un compositor yanqui. Y de pronto las partes medio cómicas podrían ir entre música klezmer, que es la música judía de Europa oriental, la de los clarinetes, que es como muy alegre y que tiene algo de gitano, con algo de influencias un poco árabes.

-Tengo entendido que te gustaría o te gusta la idea de ser músico. ¿Cómo te ves en ese sentido?

-Mi primer sueño fue ser quiosquero para comer golosinas, poco después astronauta, poco después arqueólogo, paleontólogo. También quise ser un número 10 talentoso y zurdo… y en cuanto a músico, estudié piano, todo muy cortito, muy desordenado, violín, y ahora, súper jubilado, estoy estudiando guitarra. Es mi vocación frustrada. Escucho absolutamente de todo: música clásica, barroca, jazz, rock, pop. No me gusta mucho la ópera, no me gusta la música actual, la mayoría de las músicas llamadas latinas, el reggaetón, el muchacho éste… Bad Bunny, ese tipo de cosas, no me gustan nada.

-¿Cuáles son tus músicos preferidos?

-Spinetta, ídolo absoluto. Y King Crimson, Pink Floyd, Sting.

-Y en cuanto a lecturas, ¿con qué libros estás ahora?
-De lecturas vengo mal, desde hace mucho tiempo estoy siendo un lector muy vago. De lo último que me gustó mucho está Seda, de Alessandro Baricco. Estoy leyendo poca ficción. No sé por qué carajo no puedo leer ficción. De vez en cuando leo algún ensayo contemporáneo, como el del coreano Byung-Chul Han. Y también leo libros periodísticos, pero no siempre duran más allá de seis meses.

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