De la cancha al infierno y del infierno a la literatura

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El periodista Javier Sinay habla acerca de su libro El secreto de los sobrevivientes, crónica sobre la caída, hace diez años, de un avión que trasladaba a un equipo de fútbol brasileño.

“No sé si hay destino, no sé si hay azar, lo claro es que una cosa provoca a la otra. Siempre me llamaron la atención esos temas”, le dice Javier Sinay a Azimut. Escritor y periodista, se acaba de publicar su El secreto de los sobrevivientes – ¿Por qué algunos escapan a la muerte? (Tusquets), maravilloso libro que da cuenta de la caída del avión que trasladaba al plantel del Chapecoense, equipo brasileño de fútbol que, el 28 de noviembre de 2016, viajaba a Colombia para disputar el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana ante Atlético Medellín.

Faltaban apenas 5 minutos para el aterrizaje nocturno cuando se vaciaron los tanques de combustible del vuelo 2933 de la firma venezolana-boliviana LaMia. La caída en el Cerro Gordo era inevitable. De los 77 pasajeros, sólo 6 sobrevivieron. Tres futbolistas, un periodista y dos tripulantes. Después se sabría que el despegue fue irregular. Fallaron los controles. Y los propietarios de la firma de aviación se jugaron con la carga de combustible. Para evitar pagar dinero por una escala para recargar, eligieron jugarse. Y el juego salió pésimo.

Lo que siguió fueron gritos desesperados. Algunos de ellos, de sobrevivientes; otros eran de dolor y previos a la muerte. En aquel lugar lleno de vegetación y montañas y barro, los vecinos y los paramédicos hacían lo posible por rescatar sobrevivientes. No faltaron -cuenta Sinay- quienes aprovecharon para hacer robos piraña. “Quienes se salvaron, quedaron en medio de un infierno del Dante”, grafica Sinay, quien en los últimos años viajó a los lugares de los hechos. Visitó al club Chapecoense, entonces en su mejor momento, y estuvo en el cerro en el que cayó el avión. Un guía lo llevó montaña arriba, donde encontró -a pesar de tanto tiempo transcurrido- restos de aquella máquina.

El silencio de los sobrevivientes es un trabajo que abarcó charlas con testigos y con algunos de los que salieron con vida. Sinay también conversó con implicados en los hechos. Trabajo de relojería. Y de periodismo puro.

El primer contacto de con la historia fue por su trabajo como corresponsal en Buenos Aires del diario mexicano El Universal. Allí contó lo sucedido desde un punto de vista periodístico. Tiempo después le pasó esto: “Encontré una entrevista de Marcos Angeleri (el defensor de San Lorenzo que erró un gol en la semifinal contra Chapecoense) a Folha, de San Pablo, que se titula ¿Y si hubiera hecho el gol?, quedé impactado porque entendí que detrás de la tragedia había una pregunta casi metafísica o filosófica: ¿fue azar o destino? ¿Por qué sobrevivieron estos seis y no otros seis? Empecé a juntar links de notas, a leer sobre historias contrafácticas, sobre aviones, sobre accidentes, sobre el Chapecoense, busqué a los jugadores de San Lorenzo que estuvieron en ese partido… Entonces entendí que ahí había un libro”.

El silencio de los sobrevivientes tiene 322 páginas imperdibles. Crónica de los hechos, pero también búsqueda de respuestas a preguntas que tal vez siempre quedarán abiertas.

Sinay le dirá a este portal que se sintió “impactado” tras escuchar los testimonios de algunos sobrevivientes. Entre ellos, el mecánico Erwin Tumiri: “Me contó que ver a toda esa gente muerta era terrible porque estaban golpeados, lacerados, había partes de personas separadas de los cuerpos, y que era como ir a la carnicería, que era como caminar en una carnicería”.

También aparece la azafata Ximena Suárez, quien le describió con lujos de detalles lo que ahora recuerda Sinay: “Cuando después de impactar, partirse en dos y arrastrarse 100 metros el avión se queda quieto, Suárez queda atrapada e intenta salir porque piensa que va a explotar todo, pero no había combustible, entonces no explota nada, pero tenía una desesperación total y se cortó las manos agarrándose de restos de fuselaje, restos de ventanas”.

Hablar con hinchas, dirigentes y empleados del club fue una conmoción que, dice el entrevistado, le hizo entender que “de alguna manera siempre hay que seguir”. Le asombró que al día de hoy apenas cinco empleados de aquel entonces sigan en el club. “La gran mayoría renunció porque no soportaba volver”. 

Le hubiese gustado entrevistar a Angeleri, autor del remate que pudo cambiar la historia si es que el arquero Danilo no se mandaba una atajada espectacular. Atajada que mantuvo el 0 a 0 en el marcador y permitió la clasificación de los brasileños. Pero el defensor no quiso hablar. Le mandó a través de un tercero su negativa a participar de cualquier charla relacionada con la temática. Los jugadores sobrevivientes tampoco participaron de una entrevista.

De ellos, solamente el defensor Alan Ruschel siguió jugando al fútbol profesional. El arquero Jakson Follmann padeció la amputación de su pierna derecha y el defensor Hélio Neto no pudo volver a jugar porque los dolores físicos le impedían readaptarse a la máxima categoría del fútbol. Es imposible que no se mencione al periodista Rafael Henzel, quien se salvó de morir porque un colega le pidió sentarse en el mismo asiento en el que, unos meses antes del accidente, se había sentado Messi cuando viajó con la Selección argentina. La empresa solía trasladar equipos de fútbol de la Conmebol. Pero en 2019 Henzel murió de un paro cardíaco mientras jugaba al fútbol.

Autor de otros libros de crónicas como Camino al Este: Crónicas de amor y desamor (2019), Cuba Stone: Tres historias (en coautoría, 2016) y Los crímenes de Moisés Ville: Una historia de gauchos y judíos (2013), Sinay dice que “esta vez” pudo contar la historia porque en parte logró aislarse: “Los periodistas tenemos una especie de coraza, que es el dato. A veces uno se protege del dolor y del horror buscando datos e información fría”.

Sin embargo, no pudo evitar sentimientos encontrados cuando, ya en el cerro, levantó del suelo algo similar a una “pelotita de metal” que resultó ser uno de los tantos restos del avión: “Era muy pequeña, se sentía fría en la mano. El guía me dijo que era parte del avión. Me impresionó mucho tener aquello en mi mano. Incluso tuve la tentación de llevármela, pero entendí que no tenía sentido y que, al fin de cuentas, no hubiese querido tener algo así en mi casa”.

“Si bien este tipo de historias se pueden resolver sin viajar, uno sabe que una vez que fuiste al lugar de los hechos te introducís en otro mundo”, dice Sinay acerca de por qué se tomó el trabajo de viajar a cada uno de los lugares relacionados con aquella tragedia. “La historia puede ser la misma, las entrevistas que hagas por Zoom pueden ser las mismas, pero en tu cabeza son dos mundos distintos si fuiste o si no fuiste. Una vez que fuiste a los lugares entendés realmente cuál es la historia, cuál es la textura humana de esa historia. En este caso entendí, entre otras muchísimas cosas, lo difícil que habrá sido bajar a los heridos esa noche en el cerro”.

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