El autor de Lolita se refiere a la diferencia entra la palabra escrita y la oral: “Cuando empiezo a hablar, se me presentan cuatro o cinco líneas de pensamiento, como caminos que se bifurcan, y tengo que decidir qué sendero seguir. Mientras decido, esta vacilación tal vez comienza con un enojo conmigo mismo. No puedo comprender a los oradores fluidos, como mi padre, que pronunciaba frases perfectas y bellamente construidas. Yo no puedo hacerlo; tengo que tomar un lápiz y escribirlo laboriosamente.
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