Sueño cumplido

Lorena, de once años, reposaba en su silla de ruedas frente al gran ventanal de la estancia. A pesar de que el accidente en la curva escarchada de Guaraike le había quitado la movilidad de sus piernas dos años atrás, su rostro conservaba una luz inalterable. Aquella tragedia no sólo la marcó a ella; también se llevó la vida de su primo Fernando y el embarazo de su madre, quien, según los médicos, no podría volver a concebir.

Sin embargo, el amor de sus padres envolvía cada rincón de la casa. Por eso, Lorena se sentía afortunada. Cada Navidad, el árbol se llenaba de tesoros: desde los más costosos hasta los humildemente entrañables que le entregaba el personal del establecimiento. Trencitas de cuero, alfombras de piel de cordero y pulseras de piedras coloridas eran sus mayores bienes, guardados celosamente en un baúl de madera fabricado por don Barría, el carpintero. Los demás juguetes, salvo alguno especial, solía regalarlos a los hijos de los peones.

Diciembre llegó con sus galas festivas. La estancia lucía brillante y los amigos de Lorena, como cada año, le abrían senderos a medida entre el césped para que su silla llegara más lejos. El gran sueño era alcanzar el lago. Aunque el jardinero refunfuñaba por el cuidado del prado, siempre dejaba herramientas «olvidadas» para facilitarles la tarea de nivelar el camino.

Esa Navidad, Lorena pidió algo inusual. Ella, que siempre decía tenerlo todo, deseaba una muñeca especial: una que caminara, hablara y fuera una compañera real para sus tardes de soledad. Sus padres, conmovidos por una complicidad que Lorena no alcanzaba a descifrar, aceptaron el pedido con una sonrisa llena de misterio.

Finalmente, llegó la Nochebuena. Al pie del árbol, sus padres le entregaron solo un sobre: una carta personal de Papá Noel. —Ábrelo y lee para todos —le pidieron con la voz entrecortada.

“Para ti, Lorena: en vez de la muñeca del gran moño rojo, te he dejado una hermanita. Es una maravilla: llora, come, mueve sus piernitas y brazos, ¡y ya te reconoce! Crecerá contigo y podrás enseñarle cosas que repetirá con su propia voz. Las otras muñecas nunca crecen, se quedan siempre pequeñas y jamás aprenden una canción…”

De pronto, Lorena sintió un leve sacudón en su silla. A su lado, una pequeña que apenas gateaba intentaba ponerse de pie sujetándose de las ruedas de metal. Dos ojitos oscuros y llenos de vida la miraron, estableciendo un pacto de silencio y amor. En ese instante, entre el asombro y el milagro de la adopción, ambas comprendieron que serían inseparables.

Biografía

Sergio Pellizza nació en Villa Mercedes, San Luis, en 1939. Estudió matemáticas aplicadas en la Universidad de Buenos Aires, y se especializó en análisis operativo. Fue jefe de operaciones de Aerolíneas Argentinas con base en Río Gallegos, donde aún reside desde hace más de 50 años, por eso dice que es su lugar en el mundo. Ama la Patagonia austral, continua inspiradora de sus cuentos. Fue columnista del diario la Opinión Austral donde escribía artículos sobre educación, y divulgación científica y también cuentos de la región. Docente en el Instituto Salesiano de Estudios Superiores y director de su biblioteca. Editó un libro denominado Destellos patagónicos, y continúa escribiendo.
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