La ceguera de lo extraordinario

Mi queridísimo Juampi:

Desde que decidiste volar, nuestro mundo cambió para siempre. La conmoción y la negación nos dominaron, y el dolor se volvió parte de nuestro presente. Pero más allá de eso, algo más profundo inquietaba mi mente: ¿qué recordarían de ti tus hijos, Mati —con sus recientes once años— y Juli, con sus menos de ocho y medio, cuando llegaran a la adultez? ¿Cómo conocerían la profundidad de tus valores, la esencia de quien fuiste?

 La urgencia de que conocieran tu identidad se convirtió en mi razón de ser: dejé de ser solo el padre que sobrevive para convertirme en el arqueólogo de tu vida. Entonces llegó mi “eureka”: el poder de lo escrito. Me reuní con tus amigos, parientes, colegas y conocidos para reconstruir tu historia en esos roles que yo desconocía. Algunos me dijeron que no era el momento, como si uno pudiera elegir cuándo enfrentar la ausencia. Pero si alguien sabe que el tiempo no espera, ese eres tú.

Durante meses recopilé tus fotos, releí tus poesías, escuché tus CDs y me sumergí en los libros que te fascinaban. Volví a leer nuestros miles de mensajes digitales y tus cuadernos de la escuela primaria. Escaneé dibujos y cartas llenas de amor, celebrando mi día y atesorando esas palabras hermosas que dedicabas a mamá. Mi vida diaria se transformó en un laboratorio de memoria, algo así como un santuario de tus hermosos recuerdos.

Fue un proceso lleno de lágrimas, pero también de descubrimientos. De ese esfuerzo nació ¿Quién es Juan Pablo?, un libro digital que cuenta tu historia con absoluta fidelidad. Lo escribí en presente porque para mí estás aquí, en mi presente. Lo estructuré cronológicamente, desde que mamá quedó embarazada. Cada año te presenta con una fotografía y narra lo más destacado de esa etapa, hasta llegar a tus flamantes cuarenta años, aquel trágico 6 de abril de 2023.

Son más de cuatrocientas páginas que no buscan relatar tu vida, sino dejar que hablen tus propios pensamientos y reflexiones. Quería asegurarme de que Mati y Juli, aun cuando el tiempo pasara, pudieran conocerte y sentir tu esencia. Incluye videos, audios y testimonios. Le pedí a tu hermana Ani que lo custodie, ya que seguramente la tecnología evolucionará y no quisiera que deje de reproducirse de aquí a diez años, cuando sus amados sobrinos lo lean.

Entre las páginas hay una joya escrita por mamá cuando tenías cinco años: un manuscrito que respondía a cuarenta preguntas que le hicieron en el colegio sobre cómo eras y cómo te comportabas. Su hermosa caligrafía guarda un testimonio invaluable, una huella de tu infancia.

Leí tu libro incontables veces y, con regocijo, ya pienso en todas las veces que volveré a hacerlo. Me emociona, me divierte, me hace revivir cada instante. Tu sarcasmo, inconfundible, está presente, como en aquellos mensajes de 2022:

 —Juampi: “¿Estás en Buenos Aires? Recién entré a sacar mi llave, perdón si te asusté o levanté”.     

 —Yo: “Sí, estoy en Buenos Aires, pero había salido. Cuando estoy en casa trabo la puerta, no podrías haber entrado. Está todo bien”.      

—Juampi: “Ahhh… ¿Esperas a la mafia colombiana?”.     

 —Yo: “¡¡¡¡Nooooo, solamente a ti!!!!”.

O cuando organizamos aquel encuentro en un shopping:

 —Yo: “Espectacular, dime: ¿a qué hora te viene bien que nos encontremos?”.    

 —Juampi: “Entre las 17:30 y 18:00 h”.      

—Yo: “OK, hecho. Despreocúpate por la hora porque yo estaré antes en algún lindo barcito leyendo algo interesante”.     

—Juampi: “¡Nunca hombreando bolsas!”.

 ¡Cómo me haces reír! Tu humor siempre fue un regalo. En el proceso de escribir tu biografía, lo que se puso en juego fue la realidad misma. Me preguntaba: “Yo tuve un hijo”. La frase es demoledora. Más allá de que cualquier proposición puede ser debatible, dar vida es el hecho más trascendente que un ser humano puede realizar. Aquí no hay debate. Que todos vamos a morir tampoco admite discusión. Desde el momento en que decidimos tener hijos, sabemos que lo más probable es que ellos mueran después que nosotros; pero también puede ser antes.

Las madres y los padres escuchamos noticias de gente muy joven que ya no está. ¿Quién no ha pensado alguna vez: “espero que nunca le pase eso a mi hijo”? Es angustiante, pero estas ideas, aunque lejanas, alguna vez navegaron por nuestra mente. Para algunos, lamentablemente, se convierten en realidad. En ese contexto, tu vida se volvía digital, se volvía papel, se volvía recuerdo.

¿Cómo enfrentar esta situación? ¿Cómo transformar ese “tuve” en un “tengo la dicha de tener”? Es imprescindible comprender que el cambio es la esencia de vivir. Cambiamos física, emocional, mental y espiritualmente. Cada experiencia nos moldea como si fuéramos plastilina: adaptándonos, transformándonos, sin dejar de ser quienes somos. Está en nosotros percibir esos cambios desde una óptica positiva o negativa. Ante esta pérdida, puedo pensar: “qué injusta es la vida”; o bien: “qué afortunado fui en poder dar vida, qué hermosos momentos pasé junto a mi adorado hijo, cuánto aprendí de él”.

No es fácil. Nada lo es. Pero debemos aprender a ver el vaso lleno de esa luz especial. Empieza una nueva vida: diferente. Nunca nada será como antes. La pregunta es: ¿quiero ser la pared firme donde mis seres queridos puedan apoyarse, o una que se desmorona al menor roce?

Desde que decidiste volar, el mundo ha dejado de ser una secuencia lógica de hechos para convertirse en un paisaje refractado. Tu ausencia es una evidencia crónica que modifica mi percepción: ahora veo lo que antes era invisible, escucho lo que antes era silencio y, sobre todo, comprendo que la identidad de un padre no es un estado, sino un proceso de metamorfosis constante. Lo que se revela no es únicamente el dolor; la huella es la distorsión.

Siento que tengo en tiempo presente dos hijos: uno en su ausencia física y otra en su presencia tangible. El síntoma más revelador fue descubrir que el amor hacia un hijo nunca muere, más bien se renueva. Aunque también sé que vivirá en mí…una dulce y pesada nostalgia. Esa es la nueva percepción de mi realidad: habito dos mundos al mismo tiempo. Fue entonces cuando me permití ver lo que antes mi ceguera de padre funcional me impedía nombrar. Mientras estabas presente, nuestra vida se llenaba de momentos que yo percibía como ‘normales’ o ‘rutinarios’: un mensaje de texto, una broma por una llave, un encuentro en un café.

Hoy me doy cuenta de mi error. En aquel entonces, no supe dar identidad a lo extraordinario, solo me reía de tus bromas. No sabía que tu sarcasmo no era solo un chiste; era una manifestación de tu genialidad, de tu forma única de desarmar mi seriedad con una caricia de humor. Aquellos intercambios eran, en realidad, milagros de conexión. Lo extraordinario no eran los grandes hitos, sino la textura de tu ironía y la extrema sensibilidad con la que veías cosas que nosotros, los “comunes mortales”, no alcanzamos a distinguir. Te refugiaste en un mundo de fantasía para protegerte del ruido, y esa sabiduría para elegir tu propio universo es lo que hoy identifico como una huella inconmensurable.

Juan Pablo, eres uno de los dos seres más extraordinarios que junto a mamá dimos vida. Te acompañamos en tu crecimiento y te brindamos todo nuestro amor. Supiste retribuirnos y multiplicar por mil lo que recibiste. En este balance estamos en deuda: diste más de lo recibido.

No puedo decir que yo te enseñé algo. Sí estoy seguro de que aprendí contigo y con Ani. Ustedes me enseñaron a ser padre, y fue lo más emocionante y trascendente que hice en mi vida. El resto de las cosas que hice —que no fueron pocas— no son comparables frente a esta dicha . En tu paso por el mundo dejas un legado que continuarán Mati y Juli. Ojalá todos podamos aprender de ti.

Juampi: eres el hijo que soñé y siempre quise tener. Como te conozco desde chiquito, sé perfectamente qué es lo que te gusta. Por eso te prometo que te vamos a recordar con alegría. ¡Gracias por todo lo que nos diste durante estos cuarenta años!

Tal vez cumpliste tu premonición de los veinticinco: “Algún día… cuando navegue con mi ala delta por los cielos…”. Ese día es hoy. Tu ala delta me acompaña cada día: en las páginas de este relato, en la caligrafía de tu madre y en mi risa que renace cada vez que releo tus mensajes.

El síntoma, esa grieta que me habita, me cambió para siempre. A través de ese dolor, finalmente logré nombrar lo extraordinario: la dicha de ser tu padre.

 Gracias por todo, Juampi. Dale un beso a mamá.

Te quiero con el alma,

Papá

Biografía

Pablo Tricci es un consultor y autor argentino. Conduce semanalmente el programa de bienestar «Elige Estar Bien» en KNB Radio, California. Es autor de la biografía «¿Quién es Juan Pablo?» y de «No te conformes, elige estar mejor», obra publicada en tres idiomas y galardonada con la Medalla de Oro de Readers’ Views y la Medalla de Bronce de Readers’ Favorite en Estados Unidos. Su labor literaria, seleccionada oficialmente para la Feria de Frankfurt, une el rigor técnico con la sensibilidad humana bajo una firme convicción: lo único que verdaderamente nos pertenece es el aprendizaje grabado en nuestro cerebro.
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