AeternUM
-Antes de partir-
“Solo el alma sabe lo infinito que es el amor” –Yalal ad-Din Muhammad Rumi, poeta persa
Ya todo terminó, el silencio lo confirma, o quizá solo se haya retirado colgando en el vacío de las aguas su vaivén incesante.
Ya todo terminó, es el fin y el inicio, presente buscando al pasado en el calor del futuro gestado dentro de la fragua perpetua de las tinieblas, realizando lo que es, lo que puede llegar a ser, lo que fue.
Yo soy el alfa y el omega, aquel que antes que los fuegos del olvido llegaran a reciclarme la memoria cumpliendo su encomienda cruel, implacable, alcanzó a divisar tu sonrisa tallada en el libro negro del abismo, recuerdo de aquello, eternidad mejor, mientras al otro lado, afuera, si es que hay más allá o más acá, la rueda de la fortuna se descompone.
Entonces tomo tu mano, no quiero soltarte, porque algo previo a que el cielo se moviera me dice que no debo, y lo soñado en alguna vez desde donde volvimos convocados a través de las páginas del tiempo mantendrá viva su danza para por fin, un día, terminar de llevarte conmigo.
Dejaré atrás, dentro tuyo, cubierta tras la manta del pacto urdido para sepultarnos, la verdad de una plenitud añorada singularizándome en una imagen que te abarque; esperaré lo necesario, brillando en la pantalla de plata, reflejando las huellas encontradas en el éter, escritas sobre un océano que el sol de tu interior conoce.
Vas a expandirte para ser con los demás, voy a contraerme haciéndote creer que existo -y viceversa-, clavándome la flecha que hiriera de muerte a Quirón, trasponiendo la trampa yuxtapuesta por el espejo universal extraviando una vez más nuestras esencias, bailando espalda con espalda, supurando el veneno del poder que busca acorralarme, demostrando que podemos encontrarnos, cada vez, en lo íntimo.
Y bastará aguardar hasta que el sueño venga trayendo la libertad declamada por Ramana, robada por Prometeo, descansar a un lado del ingenio que pareciera empeñado en dividirnos, fluir, ignorar la llamada de pastores vendiendo dudosas transformaciones, conduciendo rebaños al precipicio de los monstruos que no los dejan vivir, demostrar que nada vence al amor que se aleja para volver a inventarse, dos veces en el mismo río.
-“¿Y si alguna vez fuimos aquello que anhelamos?”- alcanzaremos a invocar nuestro sueño de luz tras el velo, aunque el ermitaño nos trague en su estructura cansada y un golpe nos ponga camino de Occidente con la obligación a cuestas, imitando la carrera lánguida de febo trayendo esperanza al amanecer cada mañana.
-“¿Y si alguna vez fuimos aquello?”- alquimizaré cualquier oposición acercando magia a la paz de tus trígonos salvajes, fluyendo con la revolución impuesta por el reloj universal obstinado –aparentemente- en destruirnos.
-“¿Y si alguna vez fuimos, que nos develo Hermes del futuro?”
-“Quizás una promesa, lo mejor de nosotros mismos“– susurraremos armonizando con el sonido hipnótico del andén, aguardando nuestro turno. Y con las últimas fuerzas, sospechando que nada volverá a ser como era, nos entregaremos abriéndole las fauces, subidos al tren vigoroso de la eternidad.
-“Ya todo termino, el silencio lo confirma. ¿Hay salida?”- preguntaremos postrero el aliento, los ojos fijos en lo inmenso tras la ventana, mostrando -grabado en el frío- el mensaje de la estrella del Norte.
El convoy surcará mudo el Erebo sufriendo la tristeza del barro de los días, saboreando el oro de épocas mejores, aceptando la decisión del fiel de la balanza, de la pluma contra la vida, el juicio, el mundo en cada estación.
-“Ya todo termino, es el fin y el inicio, ¿hay salida?”– gritaremos como locos aunque sepamos la respuesta, perdida la inocencia del niño y su ramita cuando era certeza la única ley que no admite transgresiones, buscando el abrazo cálido de la experiencia, de espaldas al mediodía en un camino sin retorno, excepto el que vive para siempre en la casa del árbol de un tiempo mítico, al otro lado de la perpetuidad.
-“Yo soy el alfa y el omega, ¿hay salida?”– insistiremos por tercera, última primera vez, pateando la puerta hasta que se abran las cuadraturas a nuestra fuerza creativa, despertando en su eco inaudible al lucero de la mañana que -¡finalmente!- restituirá Júpiter como gesto de reconciliación con el camino de la belleza.
Es cierto, nuestro tren no va a ninguna parte, o quizá solo se haya retirado colgando en el vacío de las aguas su vaivén incesante, a la espera de que el tiempo y las circunstancias nos devuelvan lo perdido.
Ya todo terminó.
Alcanzo a tomar tu mano.
Un perro ladra, a lo lejos, un trueno; la bóveda celeste, rota, la formación, se aleja, imponente. O todo, nada, a la vez,
hay silencio.
Silencio.
Silencio.