Carlos Chernov: “Nunca entendí el porqué de la maldad del ser humano”

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Se acaba de publicar Después de la furia (Interzona), del escritor argentino. Una distopía muy bien escrita y con un final inesperado. “Siempre se vaticinó el fin del mundo”, le dijo a Azimut durante la siguiente entrevista.

Escritor y psiquiatra nacido en Buenos Aires en 1953, Carlos Chernov acaba de sumar Después de la furia (Interzona) a su larga lista de libros publicados. Entre sus novelas están Anatomía humana (de 1993, que le permitió premio Planeta y mayor exposición), La conspiración china, La pasión de María, El amante imperfecto, El desalmado, El sistema de las estrellas y Amor se fue. Entre los de cuentos, Amores brutales, Amor propio y Amo. 

Después de la furia comienza con una sed de matanza que se lleva a cabo en un todos contra todos. Una prostituta, que será una de las protagonistas de la novela, disfruta al aplastarle el pecho a su cliente. Un adolescente escapa de su casa cuando ve que su padre asesina a sus hermanas y entiende que una vez terminada la faena irá por él. Y hay un tercer protagonista que se ubica en el pasado pero que, con el correr de la historia, se relacionará con los otros personajes y este presente de violencia.

La novela tiene la virtud de no solo contar una buena historia, sino de contarla de manera casi adictiva. Chernov logra eso que tanto se busca cuando se lee: que el autor agarre al lector de las solapas y no lo suelte hasta el final.

-¿Cuál fue el disparador para escribir Después de la furia?

-Una masacre en un cine de los Estados Unidos, cuando estrenaron una de Batman (el 20 de julio de 2012, James Eagan Holmes, de 24 años, entró a un cine en Aurora, Colorado, Estados Unidos, en mitad del estreno de Batman: El Caballero de la Noche Ingresó y disparó contra los espectadores: mató a doce e hirió a setenta). Los espectadores no sabían si los tiros y los gritos eran un show alrededor de la película o eran de una matanza. Casos típicos de los Estados Unidos. Tipos que tienen que matar y matar y que se terminan suicidando o son acribillados por la policía. Bueno, cuando salió esa noticia se me ocurrió escribir sobre los asesinatos masivos. Sólo que me dije “si van a ser masivos no van a ser 10 o 20 personas. Será algo mucho más abarcativo”.

-Creaste una distopía: el del fin del mundo es un tema actual.

-El del fin del mundo es un tema histórico, viejísimo, del diluvio para acá. En la Edad Media pensaban que cuando llegara el año 1000 se iba a destruir el mundo. Lo del fin del mundo siempre existió, a veces más, a veces menos. Cuando era chico y se hablaba de la bomba atómica yo estaba asustadísimo, y ahora parece que está más calmado eso. Pero hay otras cosas que llevan a hablar de esa posibilidad. No creo que haya cambiado mucho con el paso del tiempo.

-¿Por qué un virus tecnológico?

-Uno se estruja la cabeza pensando cómo plasmar una idea en la escritura y de repente se te ocurre, pero no sé puntualmente cómo ni cuándo se me ocurrió. Simplemente pasó. Supongo que tiene que ver con lo que me pasa en la mayoría de mis novelas, que el material me lleva. Uno lo que hace es ir estrechando las posibilidades narrativas hasta que encuentra la única que no tiene obstáculos que la invaliden. La escritura es un acto mucho menos deliberado de lo que parece. Es una especie de trance hipnótico, por llamarlo de alguna manera, en el que uno está ahí y escribe y escribe y escribe.

-¿Hay alguna relación entre Después de la furia y el avance de la Inteligencia Artificial?

-No estoy muy informado sobre la Inteligencia Artificial, es algo que no me atrae. Siempre está el temor de que las computadoras nos ganen. Y nos pueden ganar. 

-¿Por qué ambientaste la historia en los Estados Unidos?

-Por varias razones. Primero, porque los asesinatos masivos existen solamente allá, en Estados Unidos. Que yo recuerde, hubo un solo caso importante de asesinatos así en Rusia, en la década del 70 u 80. En el resto de los países prácticamente no hay asesinos masivos. En Estados Unidos son tan frecuentes que, me cuenta un amigo que vive ahí, a su hija de seis años le hacen simulacros para que aprendan qué hacer si ocurre un asesinato masivo. Por otro lado, Estados Unidos es un país que hizo muchísimas guerras y tiene mucha recuperación: veteranos, o sea soldados que vieron morir o que mataron, y creo que eso les quita como un sentido de gravedad ante la muerte. Aparte, matan también al mayoreo. Además, uno hoy puede saber cómo es un lugar a través del Google Maps, que es fantástico, porque metés al hombrecito en el Street View y ves hasta las hojas de los árboles. Después se pueden corroborar los datos con la web.

-En el cine, Estados Unidos también hizo una cultura de la muerte.

-Me parece que allí hay una cierta irrealidad de la gravedad de la muerte, aumentada por las películas. Uno se podría preguntar ¿dónde se mata más gente, en la realidad o en las películas? Porque también se mata mucho en las películas. Hollywood es el aparato de propaganda ideológica más poderoso del mundo, y encima uno paga para verlo. Ahora tal vez esté en decadencia, pero mi generación creció viendo más películas de cowboys que de gauchos.

-En medio de tanta violencia que contás en Después de la furia, hay un adolescente que se enamora y una mujer que es una máquina de matar pero que también habla del amor. ¿Por qué el amor en medio de la violencia?

-Salió así, pero es complementario con lo otro. Así es la vida. Además se me hizo interesante, entretenido, contar eso. Es muy importante no aburrir. Para mí, por lo menos.

-¿Disfrutás el proceso de escritura?

-Por momentos se disfruta y por otro se padece. Se disfruta cuando sale bien y se padece cuando cuesta encontrarle la vuelta.

-¿Quedaste conforme con Después de la furia?

-Sí, estoy conforme. Y mirá que soy muy crítico de mis trabajos, eh. Este es mi libro número 11 de los publicados. Después veremos cómo le va. Ya el tema de las ventas escapa a mi control.

-¿Cuál es el tema que querías contar en Después de la furia?

-Quería hablar del mal, de la violencia, de las maldades de los humanos, que me siguen desconcertando. Por más que sea psicoanalista, psiquiatra, escritor, son cosas que no logro entender.

-¿Te obsesiona este tema?

-Sí, de toda la vida. Siempre me sentí medio conflictuado con la maldad humana. Y eso que no estuve en ninguna guerra… bueno, pasé la dictadura, en la que murieron conocidos y amigos. Pero el de la maldad es un tema que me interesa desde hace muchísimo tiempo.

-¿A cuánto puede estar Después de la furia de convertirse en una realidad?

-No creo que pase algo así. Nunca. O sea, cada tanto hay holocaustos o cosas así, pero son más localizadas. En Europa, en la Edad Media ocurrió lo de la peste negra, que se llevó puesto a un tercio de la población, pero aún así fue un tercio y no el 90%. Yo no creo que pase. Espero que no pase.

-¿Cuál es tu deseo para Después de la furia?

-Que a los lectores les guste, que no se aburran leyéndolo, que los atrape. Ese es para mí el principal objetivo. Aburrir es lo peor.

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