La servilleta vacía,
el bar de la estación, vacío.
El tipo tieso de la puerta
despintado de negro, macho,
flamea una vez, de entrada.
Chorro de meo carnavalero
saca a bailar a la bola,
disfraz de naftalina.
Perfume a vino y soda de anoche.
Flamea el tipo tieso de vuelta
despintado, negro, macho,
a la salida. Cierra a medias.
Psssssssss, un tren.
Mochilas de obrero,
tela de avión de colores, que va
a los saltos, puesta a esquivar bondis, sin tiempo.
Ahora sí, un punto.
Uno, invisible de solo.
Uno, y solo.
Inmóvil
Uno y quieto.
Birome bolitopléjica y muda.
Punto blanco en el blanco,
desahucia la nada.
Punto apretado y quieto. Pozo
perdido en papel Tisú.
Ondulado impreciso,
que la palma húmeda,
no alcanza a planchar.
el plano arrugado con punto.
Hoyo en uno,
en la O de Tren mixto, nombre de bar
que boca abajo mira a la fórmica gris,
desmantelada marca de pucho rupestre.
Y el horno pare las medialunas,
se acaramelan el bigote y los dedos.
El pulgar torpe, zurdo, magnetizado de azúcar
negra de horno de más,
se encajeta al papel.
Analógica pantalla que se mancha,
sale de plano y
vuela, ondula: banderea.
Salpica migas.
.
El poema no arranca.