A veces doy las flores por sentado
me pregunto si está bien o si está mal
estoy hablando de las flores cotidianas
las del jardín de mi casa
pero también de las que encienden los parques,
los valles, las laderas.
Hace como mil años
escribí una poesía que hablaba de un guerrero;
caminaba por el bosque lentamente
atravesado por las luces y las sombras,
se detenía a observar el temblor de la rama
cuando recibe al pájaro.
Nunca pude terminarlo ni dejarlo:
me gustaba el final.
Hace como mil años sabía menos que ahora
sin embargo, no tenía miedo de afirmar
hoy en cambio me pregunto:
¿es bueno dar las flores por sentado?
El guerrero del poema era invencible
y el último verso sentenciaba: demorarse en la belleza, fortalece.
Demorarse en la belleza fortalece.