Llanto

Volver a empezar. Ni la tecnología ayuda cuando uno debe escribir algo medianamente inteligente, y encima la memoria ya no es la mejor. 

Como fuera, decía algo parecido y se borró, ya que no será igual a la primera versión: entre las múltiples responsabilidades que ahora tienen los hombres, algo prohibido es llorar. 

Abrir las compuertas del alma, dejar que el llanto limpie y saque esa angustia que todos tenemos lavadas en el pecho. 

El «boys don’t cry» es una realidad para varias generaciones de hombres, que aunque estén frente a una situación dolorosa por demás, no se pueden permitir lo que nos han hecho creer que es una debilidad. 

Un hombre debe ser protector, proveedor, contenedor, ganador, y la realidad es que solo algunos pueden hacerlo. Elegidos. Otros navegamos en el ostracismo de intentos de casos que no llegan. 

Entonces, con una mano de cartas que ni vemos, porque sabemos que son malas, hay que enfrentar el destino que se tiene por delante. Intentar cambiar o volverse más solvente, perder peso, más bueno, más alto, que es más complejo de lo que parece. 

Y llegamos a la pregunta si, de haber tenido otras chances, podría seguir con lo que uno siempre pensó que podría hacer. Con un basamento más sólido por detrás se podría intentar cosas que uno ve que los que pueden, lo hacen. 

La respuesta es “lo más probable”. Y uno maldice, y re maldice, la injusticia del cosmos, de los astros, del mercurio retrógrado.

 Porque la vida no es como te la intentan vender, esa propaganda de los que hacen coaching y esas taradeces. 

La vida duele. Arde, como una llama sobre la piel. Es cruel y oscura. A veces despreciable, sintiéndola a condena más que a libertad. Con destellos de luz que son mínimos. No es una «cuestión de actitud». 

Si tenés hambre en la panza, si laburás 18 horas y necesitás un día de 50 horas, las cartas que te tocaron fueron jodidas, decididamente.

Obviamente, hay gente que saca a relucir su aplomo y explota sus dotes a la máxima expresión, logrando merecidísimas distinciones y está perfecto.

Yo nunca tuve ese carácter.

Dejé que algunas situaciones moldearan mi ánimo y ya es difícil para cambiar. 

Y quizás tampoco quiera. Aun así, por suerte, supe cómo encontrar la forma de sacar ese dique que a veces atornilla feo, sin que los que me rodean se preocupen mucho. 

Y a riesgo de quedar como un blando (opinión que la verdad me importa muy poco), uso el arte del cine para hacerlo. 

Busco entre las películas que de seguro lograrán ese efecto. Por un falso pudor no diré cuáles son. 

Puedo sí, dar una con certeza: «Cinema Paradiso» simplemente te limpia el alma. 

Y así, mientras veo una película, que me sé de memoria, diálogos y situaciones, y mis ojos abren ríos por mis mejillas, me pregunto: 

¿Por qué tuvo que ser así?

¿Por qué no lo puedo alcanzar? 

¿Por qué no fue gol? 

¿Por qué se quedó con él? 

¿Por qué…?

Biografía

Federico Lazarte tiene 48 años, y vive en San Miguel de Tucumán. Actualmente estudia la carrera de Licenciatura en Ciencias Sociales, y participa del Taller personalizado de escritura Flor de Libros, dictado por la profesora, editora y escritora Florencia Natalia Monzón. En el último año también participo del taller de Autoficción realizado por la Revista Anfibia.
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